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Desde que en la primera guerra mundial el hombre empezara a usar relojes de pulsera, se evidenció que los accesorios extra en el cuerpo podían cumplir una función tanto útil como estética. Como bien se sabe, las guerras han traído avances en la humanidad, tecnológicamente, los reloj de pulsera empezarían a ser usados por el hombre desde que estos tenían que permanecer en trincheras por un largo tiempo. Hoy la evolución de los accesorios tanto útiles como cosméticos han creado algunas dependencias. Estas adicciones a algunos aparatos han llegado disfrazadas bajo el concepto de la “necesidad”, que es el objetivo más alto del campo publicitario. Los teléfonos móviles se adaptaron y las personas se transformaron para vivir con ellos. En algunos países los llamados “pagers” están presentes en casi cualquier bolsillo, y en algunos otros del oriente lejano, los “smart phones” son imprescindibles.


Todos estos accesorios nacieron como alternativas tecnológicas que ofrecían una solución a un nicho determinadas personas, sin embargo el alcance de campañas publicitarias y su evolución en precios y adaptaciones los convirtieron en prendas esenciales. La integración de tecnologías en un solo dispositivo es desde hace algunos años, la tendencia en el mercado. No se sabe si los personajes detrás de todos estos avances intentan reproducir en algunos casos la más curiosa de las situaciones en el Neuromante o realmente es una cuestión accidental. Lo que si es seguro es que en casos como el hoy popular Reloj-Celular, el concepto fue base de algunos comerciales burlescos.


En “e-topía”, en el capitulo, “ordenadores para habitar”, William Mitchel imagina como el progreso en el concepto de las prendas tecnológicas puede desembocar en situaciones tan condicionantes como unos zapatos con disco duro o un dispositivo armado con CCDS para aumentar la capacidad de visión; estas condiciones del cuerpo hacia un dispositivo pueden resultar desde un punto de visto alienantes, teniendo en cuenta que el mismo concepto de calzado no está arraigado a la naturaleza humana, por lo tanto la evolución desde la cual se plantea el concepto parte desde un mismo accesorio. Sin embargo el mercado, la competencia y sobre todo los grupos activistas decidirán la suerte de tal realidad.


Hoy el futuro de la tecnología depende ampliamente de las externalidades económicas que pueda generar. Los daños al medio ambiente y su naturaleza biodegradable condicionan su expansión. Esto no le quita peso al continuo avance tecnológico basado en el concepto de la “nueva necesidad” que parece nunca fundirse. Mitchel imagina también un mundo en el cual el dinero como papel desaparece para pasar a ser encriptado y “guardado de forma segura en alguna parte del cuerpo”, situación que no deja de traerme imágenes de actos criminales e ideas de complejos debates éticos.


Entonces, el “usar accesorios como prendas”, invierte su orden de palabras hoy. Los “vestidos de bits” como subtitula Mitchel, son la aproximación mas curiosa hacía un mundo decidido a convertir a los seres humanos en entes incapaces de sobrevivir sin sus propias creaciones, desde otro punto de vista, es un mundo en el cual el hombre convierte los recursos de su planeta para convertirse en un superhombre capaz de transformar todo a su voluntad de poder, meta-virtualizando lo ya falaz, y llevando a un nivel inconcluso el discurso progresista que nos divierte y nos da horizonte a todos cada día.

(Discurso presentando en la Universidad Javeriana)

Aunque no es de extremo gusto estar parado acá, ante el hecho de tener que dar un discurso en uno de los lugares mas concurridos por el ocioso transeúnte o el simpatizante de la cuentería, de esta majestuosa universidad y en un intento de vehemencia, me dirijo a ustedes.


El suelo resquebrajado del lugar donde estamos parados, solo fue posible cuando el afamado rey Felipe III de España, conocido por expulsar a los no cristianos, decidió que era viable empezar a ejecutar esta obra. 383 años después de este hecho, recuerdo llegar a este lugar en un desconcierto y despiste todavía más agudo del cual aun soy victima, para encontrarme hacinado en uno de los salones de los edificios menos apreciados de este sitio, el calor, la imposibilidad de desplazarse de un lugar a otro en este cuchitril, y ante la latente presencia de 40 personas apoyadas en asientos que recuerdan a las viejas cajas de gaseosa de madera, me dejo aun más desconcertado.


Y es que levantarse cuando los gallos cantan ha sido mi tortura desde que tengo memoria, mas aun cuando la motivación diaria era tal acto de ignominia. Las clases con la famosísima Amparo Ibañez, de “historia de la comunicación” no resultaron ser tan amargas como las calificaban, por alguna alegre razón sus renombrados machetazos nunca me tocaron, al punto en que de no ser por tal suerte, seguramente no estaría parado acá.


He calculado que he tenido que sentarme a escuchar por alrededor 4600 horas el discurso de 72 profesores de la mas variada calidad, pero no alcanzo a calcular cuantas horas de siesta he tenido cuando algunos pocos satrapas de la mediocridad jugaron a dar clase entre absurdos talleres, largas ausencias, películas irrelevantes y detestables libros previamente convenidos con sus amigos editores.


Pero no voy a escupir para arriba, porque por alguna razón escogí este marginal campo laboral. Me hizo falta pagar millones para darme cuenta que en donde no hay demanda no hay plata, y es que el campo editorial en nuestra tierra o se suda o se convierte en el acto de hipocresía de cóctel o la relación publica por conveniencia.


Además, no todo es sombrío, la permanencia me ha dado la posibilidad de subir el azúcar en Oma, o Dunkin' , y para compensarlo un paseo extra para llegar hasta la absurda y única puerta de salida del Barón, que está lista para ser la causante de un desastre ante una emergencia. También, me consuela saber que nuestro decano académico se ha enterado de la ultima tecnología en la Javeriana: la inscripción de materias por Internet, y que siendo así, mi característico despiste se ha legitimado finalmente.

Entre las señales virtuales y reales existe un limbo en el cual muchos viven, se trata de falacias metodológicas, por las cuales la teorización de los procesos virtuales ponen como barrera la capacidad técnica del usuario para acceder a ellos, imposibilitando la masificación instantánea de vivencia de lo virtual.

Me refiero a los procesos en que se enseña como acceder a lo virtual, en primera instancia y a comienzos del milenio, el computador de mesa, entendida como la principal interfaz de acceso a lo virtual en dicho momento, se categorizaba como una herramienta cuyas capacidades creativas estaban limitadas por el adiestramiento de la misma, y solo aquellos cuyas capacidades técnicas sobrepasaban las comunes tenían la autoridad para desarrollar y hablar sobre ellas. Sin embargo las mentes mas hábiles, aquellas que son capaces de esquematizar y simplificar lo complicado vieron en la virtualidad de la red la capacidad para expandir sus intereses. Y allí Internet empezaba a ser el terreno de nuevas apuestas, de tantas que la demanda no alcanzaría a cubrirlas y esto combinado con la especulación de inversionistas que no se ocuparon del mercado en sí, traería la caida de las punto com.


Mejor soltarlo, que guardarlo.




Lo que sucede hoy es que no se ha aprendido de los errores, en el pasado inmediato, el imaginario mental de la gran mayoría de personas con posibilidades de acceso seguía siendo el de ver a la red, como algo de “técnicos” y no se arriesgaban a confiar en ella. Hoy la realidad sigue siendo similar en algún grado, en los colegios y universidades se siguen enseñando a usar programas antes de entender los alcances de su sentido y la razón por la cual existen, se sigue enseñando a programar en algunos casos a personas que nunca se desempeñarían en tal campo, se enseña a manejar programas que vienen incorporados en los computadores, sin suponer que no son las únicas opciones. Los programas curriculares enseñan la técnica antes que el sentido. Y es que de el sentido, del propósito es de donde nacen las grandes cosas. Los grandes proyectos e interfaces actuales no nacieron a a partir del azar que puede ocasionar el enfrentarse a una interfaz sin tener un rumbo. Las interfaces que lideran la red nacieron a a partir de el imaginario y los propósitos de grandes personas que no tuvieron que saber como se realizaba técnicamente el proceso, sino que asignaron a determinadas personas especializadas en el procedimiento técnico a que realizaran dichas tareas.

La virtualidad como se expresa en el texto de Andrés David Fonseca: Estéticas y Ciberculturas, no solo se expresa a través de señales virtuales, las señales de vida en algunos casos, son también señales virtuales, y es de está esperanzadora premisa de donde se debe partir para reinventar los currículos escolares, la virtualidad no nace con los computadores, son los computadores interfaces para acceder a un mundo que existía hace mucho tiempo en el imaginario de algunos, en los sueños, en los recuerdos, en las visiones, experiencias alucinógenas, entre otras.



Estrés virtual, extremo.




El cambio mínimo en la interfaz hace que el usuario cambie su experiencia de acceso, tal como sucedió con los cambios de la red social Facebook, en donde lo que pareciera imperceptible y adaptable para algunos, termino siendo un caos que se represento a través de la creación de grupos en esa misma red conformados por millones de personas que rechazaban las desdichadas modificaciones. Personalmente creo que tales astillas en la experiencia de virtualidad y mas específicamente en estás señales ciberciudadanas se deben a manera en que las mentes de los individuos fueron cultivadas, es decir, es el mismo sistema el responsable de generar caos ante estas situaciones, es el mismo estrés que alguna vez generó en el estudiante el temer una mala nota ante la incapacidad de adiestrarse en una herramienta (obsoleta en un futuro cercano), el que se encarga de generar desconcierto ante el cambio de interfaces.


El objetivo es entonces trazar los caminos para que aquellos que empiezan a aprender se desempeñen en el mundo virtual de acuerdo a su naturaleza mental, sea emprendedora, técnica, visionaria, teórica, entre otras. Para que desde este punto el flujo de aprendizaje fluya de manera natural y estrés de la virtualidad quede en el pasado.